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Mi madre, mi raíz lejana pero eterna.

Mi madre, mi raíz lejana pero eterna

He vivido lejos de mi madre casi toda mi vida.

Cuando nací, ella era apenas una niña de 16 años. A los 8, me fui a vivir con mi padre al otro lado del país, porque los adultos decían que con él tendría más oportunidades de estudiar y de “ser alguien en la vida”.

Mi madre, en ese entonces, dejó de ser niña para convertirse en mujer. Para ocuparse de nosotros, de mi hermana y de mí. Vivíamos en la inestabilidad, y yo era testigo de su lucha diaria. La vi llorar, la vi reír, la vi trabajar con fuerza para poder alimentarnos. Desde muy joven trabajó en la agricultura, ayudaba a mi abuelo en las tierras y se las ingeniaba para emprender con lo poco que tenía. Fue una madre protectora, amorosa, incansable, a pesar de su juventud.

Mi padre, también muy joven, tuvo que cumplir con el servicio militar obligatorio. Y entonces, con tan solo 8 años, me tocó partir. Recuerdo cómo dejar a mi mamá me rompió el corazón. Pero, como tantas veces en la vida, uno hace lo que los adultos dicen que hay que hacer.

Viví con mi padre con algo más de comodidades, sí, pero con un vacío inmenso: el de no tener a mi madre. Aquella joven mujer que lo había dado todo por mí y por mi hermana.

No la vi durante tres años. Hasta que un día vino a verme. Recuerdo ese momento como uno de los más felices de mi vida. Fuimos a casa de una tía, y ahí le dije que quería volver con ella. Sin decirle nada a mi papá, me llevó de nuevo a Holguín.

Volver a casa fue volver al calor de mi mamá, de mi abuela, de mis primos, de mi gente. Vivíamos humildemente, pero mi corazón estaba completo. Hasta que, dos años después, mi padre volvió por mí, y me separé nuevamente de mi madre. Esta vez, para no regresar más a mi tierra natal.

Todos decían que con mi papá tendría un futuro mejor. Que podría estudiar, ir a la universidad, hacer una carrera. Yo también lo entendía. Pero el vacío… ese nunca se fue.

Antes de partir, le dije a mi madre: “Me voy porque quiero trabajar mucho para ayudarte, para que un día tengas una vida digna y puedas vivir mejor.”

Me puse esa gran responsabilidad sobre los hombros. Y, con el paso del tiempo, puedo decir que cumplí con ese legado.

Hoy, aunque me acostumbré a vivir lejos de ella, siento un profundo respeto, amor y admiración por su historia, por su valentía, su resiliencia, su ternura.

Feliz día de las madres.

Un pensamiento profundo y lleno de nostalgia para todos los que, como yo, no pueden abrazar a sus madres en un día como hoy.

Mon nom est Yurdey Torres. Je suis d’origine cubaine. J’enseigne l'espagnol depuis plus de 10 ans. J’ai créé Idioma Sol (La langue du soleil) avec l'objectif de partager ma passion pour les langues et ma culture avec le monde.
Je suis un homme passionné qui aime la vie, les gens, la nature et les arts. Chez Idioma Sol vous apprenez l'espagnol dans le plaisir.

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